GRAFOLOGÍA EN PSICÓPATAS Y CRIMINALES

OBSERVACIONES SOBRE ALGUNOS GRAFISMOS

DE PSICÓPATAS Y CRIMINALES

     

 

            En el libro Psychopatologie et écriture, Florence Witkowski dedica un capítulo sobre el delicado tema de los impulsos asociales y criminales en la escritura, haciendo la observación de que aunque el estudio de los rasgos gráficos no permite prever la manifestación externa de las tendencias, sí pue­de dar amplia información sobre las motivaciones y la estructura general del psiquismo.

Pues bien, tras analizar las escrituras presentadas en el citado capí­tulo, descubrí que aparte de las características gráficas más directamente representativas de las tendencias que nos ocupan, como son los espasmos, los apoyos bruscos de presión, las jambas en retroceso anguloso, la deficien­te distribución de los espacios, etc., aparecen tres signos con una frecuencia difícilmente imputable al azar. Se trata de las “m” y “n” en arcos, las jambas achatadas y las barras de “t” cortas, o incluso, muy cortas, en relación al hampa.

La reiteración de estos signos me llevó a buscar un paralelismo con las posibles características psicológicas básicas que pudieran explicar las motivaciones de la conducta patológica que nos ocupa. Para ello, me he ser­vido del libro de Hilda Marchiori, Psicología criminal.

Así pues, citaré textualmente los pasajes que pueden ilustrar la afini­dad grafopsicológica a que me refiero. Dice la autora:

“El psicópata presenta dificultades en cuanto al pensamiento lógico debido a que se mueve en un plano inmaduro e infantil. Ello afecta también a la capacidad de verbalización del pensamiento. El juicio está desconectado de la realidad. El psicópata parece frío, duro, rígido, pero es una coraza para protegerse de sus sentimientos infan­tiles. Existen fuertes sentimientos de minusvalía e inferioridad.

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En el caso de los homicidas de tipo psicótico, utilizan su agresión con el objeto de impedir la disolución de su personalidad.”

Así pues, no se está hablando aquí de la conducta externa de las pul­siones sino de la estructura interna emocional del psicópata, que afecta pro­fundamente a su comportamiento.

Intentemos ahora establecer un “síndrome gráfico” que incluya las tres características antes citadas y observemos a continuación hasta qué punto la aportación de la psicología enriquece y matiza no sólo los signos aislados sino también los grupos de signos.

La reconocida timidez que se atribuye a los arcos en cuanto a la manifestación del sentimiento, puede obedecer a un verdadero bloqueo o inhibición de las emociones. Es, en efecto, una “coraza”, como se ha citado antes, que ejerce una función de protección. Otra lectura posible de este gesto escritural es el sentimiento de abandono, el cual se hace patente ante la pobreza de recursos de la estructura infantil del psicótico.

Otra interpretación de la escritura en arcos nos habla de laxitud de conciencia. En efecto, es sabido que el psicópata carece de sentimientos de culpa, con lo cual no conoce freno moral en su conducta.

En cuanto a las jambas, su achatamiento puede revelar otra forma de timidez, así como un complejo de inferioridad. Por otra parte, debemos suponer una falta de realización sexual que mantiene bloqueada la energía, con la consiguiente insatisfacción, que el psicópata intenta resolver de forma abrupta con sus actos antisociales.

Por último, merecen una especial atención las implicaciones que las barras de “t” aportan a este cuadro clínico. En efecto, su escasa longitud confirma el diagnóstico de timidez, complejo de inferioridad y el consiguien­te impulso a aislarse del ambiente. Pero además se refiere al perjuicio que puede causar en la evocación de la memoria. Ello parece ilustrar la “notoria falta de consideración real de la dimensión temporal en la conducta del psi­cópata”, según afirma la autora de la obra citada, así como la “dificultad de verbalizar el pensamiento”.

Por otra parte, no será ocioso observar la doble funcionalidad inter­pretativa de la barra de “t” en este caso, ya que nos habla simultáneamente del bloqueo de las emociones en cuanto a su expresión, derivado de un blo­queo en la expresión verbal. Al no haber desahogo en este sentido, las emo­ciones se resuelven en forma de agresión, la cual debe ser sugerida por otros signos de la escritura. Y es que, ¿acaso el lenguaje no ha sido desde tiempos ancestrales un magnífico vehículo para exteriorizar las emociones? La con­ducta del psicópata no resulta nada ajena al bloqueo de esta funcionalidad.

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